martes, julio 16, 2024
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¿Qué tipo de conductas parentales son más perjudiciales para los niños?

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El trabajo de los padres es criar a la próxima generación.

Queremos que crezcan con buenos valores y aptitudes para que puedan salir al mundo y ser miembros productivos de la sociedad.

Pero a veces nuestros hijos no salen exactamente como queremos, lo que puede hacernos sentir mal con nosotros mismos como padres.

Si alguna vez te has preguntado por qué tus hijos son como son o qué podrías haber hecho de otra manera, este artículo te dará las respuestas.

No hables de tus sentimientos

Una de las cosas más perjudiciales que puedes hacer es no hablar de tus sentimientos.

Y no se trata sólo de hablar de ellos con tus hijos, sino también con otros adultos.

Hablar abierta y sinceramente de lo que te pasa les ayudará a aprender a comunicarse de forma más eficaz y, a la larga, hará que sus propias relaciones sean más sólidas. Será más probable que pidan ayuda cuando la necesiten más adelante… ¡y también se sentirán menos avergonzados cuando la necesiten!

Haz que todo gire en torno a ti

Si quieres ser un buen padre, tienes que dejar de hacer que todo gire a tu alrededor.

Puedes empezar haciendo un esfuerzo por ponerte en el lugar de tu hijo y ver las cosas desde su perspectiva, en lugar de centrarte sólo en lo que tiene sentido para ti o en cómo afecta a tu vida.

Intenta hacerte preguntas como «¿Cómo me sentiría yo si estuviera en esta situación?» o «¿Cómo afectarían mis acciones a los demás?».

Si es posible, intenta dedicar un rato al día a cuidar de ti mismo para que ambos padres puedan funcionar lo mejor posible cuando interactúen con sus hijos… ¡y entre ellos!

Intenta que tu hijo parezca perfecto

Los padres pueden hacer daño a sus hijos de muchas maneras. Una de las más comunes es esforzarse demasiado para que parezcan perfectos.

  • Céntrate en lo positivo: En lugar de centrarse en lo que su hijo no hace bien, céntrese en lo que hace bien, aunque sea algo sencillo como ser respetuoso o amable con los demás.

     

  • Si le cuesta encontrar algo bueno en su hijo, pregúntese cómo le hace sentir ese comportamiento a usted como padre y piense en cómo hace sentir a los demás cuando interactúan con él; en otras palabras, considere si ese comportamiento ayuda o dificulta la felicidad general de los demás (y la suya).

     

  • Evite comparar a su hijo con los demás: Esto puede ser tentador porque todos queremos que nuestros hijos tengan éxito en la vida, pero compararles sólo causará infelicidad a ambas partes implicadas, ¡y a veces incluso resentimiento entre las familias con el tiempo!

     

  • Sé sincero sobre los puntos fuertes y débiles: No finjas que las cosas malas no han ocurrido; en lugar de eso, habla abiertamente con los niños sobre los errores cometidos en el camino para que todos aprendan juntos de ellos, en lugar de esconderte detrás de falsas esperanzas de las que nadie más se beneficia, excepto tal vez aquellos que se benefician económicamente de los vendedores de falsas esperanzas que venden aceite de serpiente a precios elevados, mientras que la medicina real permanece sin usar en los armarios acumulando polvo, porque nadie necesita medicamentos a menos que esté enfermo, pero ya nadie se enferma gracias en gran parte – de nuevo – a los medicamentos.

Esperar demasiado

Poner límites a una edad temprana tiene muchas ventajas.

Enseña a tus hijos a ser responsables, les ayuda a gestionar sus emociones y les da libertad para explorar su mundo sabiendo que tienen un lugar seguro al que volver.

Sin embargo, también hay algunos inconvenientes: si espera demasiado antes de establecer estos límites, su hijo puede frustrarse o enfadarse con usted al intentar desesperadamente no sólo cumplir sino también superar todas las expectativas que le han puesto los demás (incluido usted).

Darles libertad sin responsabilidad

Dar a tu hijo libertad sin responsabilidad es una forma fácil de crearle un sentimiento de derecho.

Puedes pensar que dándoles más libertad aprenderán a cuidar de sí mismos y serán más independientes.

Sin embargo, la mayoría de las veces ocurre justo lo contrario: los niños aprenden que no tienen ninguna responsabilidad en la vida y se sienten con derecho a que todo se haga por ellos.

La mejor forma de enseñar responsabilidad a un niño es mediante pequeñas tareas en casa o en el colegio que le ayuden a desarrollar habilidades como limpiar lo que ensucia (aunque sólo sea hacer la cama), hacer los deberes a tiempo, ser respetuoso con las personas que le rodean, etc.

También ayuda que los padres elogien a sus hijos cuando hacen algo bien en lugar de criticar cada error que cometen, ¡esto fomentará hábitos positivos!

Si queremos que nuestros hijos no sólo se conviertan en adultos responsables, sino también en personas desinteresadas que se preocupen por el bienestar de los demás, ¡nos espera una ardua batalla!

No enseñarles lo suficiente sobre límites

Definir los límites

Los límites son los límites de lo que es aceptable e inaceptable en la relación con tu hijo.

Pueden ser físicos (por ejemplo, no pegar), emocionales (no me menospreciarás) o intelectuales (no puedes tener citas hasta los 16 años).

Los límites ayudan a los niños a entender sus derechos y responsabilidades, lo que les ayuda a desarrollar la autoestima, establecer la confianza y tomar buenas decisiones más adelante en la vida.

Para enseñarles los límites, primero tienes que definirlos tú para que tu hijo entienda qué son y por qué son importantes.

Esto puede ser complicado, porque la mayoría de los padres tampoco tienen claros sus límites personales: a menudo dejan que otras personas les digan lo que deben hacer o decir sin plantearse si es o no adecuado para ellos personalmente.

Así que necesitamos algunas herramientas para averiguar nuestros propios límites antes de poder ayudar a nuestros hijos a aprender los suyos:

  • El Cuestionario de Autoridad Parental (PAQ): Este cuestionario hace preguntas como «¿Permito a mi pareja/cónyuge/hijo(s) elegir libremente?», «¿Doy órdenes en lugar de sugerencias?».

     

  • Si es posible, responda a estas preguntas con sinceridad; de lo contrario, simplemente mírese a sí mismo desde un punto de vista objetivo: pruebe a preguntar a un amigo que no sepa nada de estas relaciones si sus respuestas le parecen razonables basándose en cómo se desarrollan realmente las cosas entre todas las partes implicadas.

     

  • El Inventario del Niño Adulto II (ACI-II): Este test mide el grado de control sobre la vida de los demás al que cada persona se siente con derecho, mediante preguntas como «Si alguien no me obedece inmediatamente cuando le digo lo que hay que hacer aquí».

Puedes ayudar a tus hijos a crecer mejor siendo responsable con tus propias emociones y expectativas.

Puedes ayudar a tus hijos a crecer mejor siendo responsable con tus propias emociones y expectativas.

Los padres deben ser responsables de sus propias emociones, acciones y reacciones. También deben responsabilizarse de sus palabras.

Los padres no deben culpar a los demás de sus propios sentimientos o acciones; deben responsabilizarse de estas cosas para que los demás (y ellos mismos) les pidan cuentas.

Conclusion

Lo mejor que puedes hacer por tus hijos es ser responsable con tus propias emociones y expectativas. Esto les ayuda a aprender a gestionar sus propios sentimientos, así como a ponerse límites a sí mismos.

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